Año tras año los dominicanos permanecemos atados a nuestras
tradiciones en cuanto a la celebracion de las fiestas del Carnaval.
Posiblemente pocos sepan que el Carnaval es una fiesta de características
religiosas, ligada directamente a la Iglesia Católica.
Muchos celebran el Carnaval a lo largo de todo el mes de Febrero. Se ha llegado
tan lejos en la desnaturalización del mismo que en nuestro país muchos pueblos
hacen coincidir su culminación con la fiesta patria nacional del 27 de Febrero,
que nada tiene que ver con esto.
Le realidad es que estas fiestas solamente comprenden un período de tres días,
justamente los anteriores al miércoles de ceniza, cuando comienzan los 40 días
de la Cuaresma, caracterizados por fechas de ayuno y recogimiento espiritual,
con miras a la llegada de la Semana Santa, que se inicia con el Domingo de
Ramos. Por motivos de imposición tradicional y por intereses de propaganda y
venta comercial de productos se ha ido celebrando por todo un mes y no por los
tres días formales. Por otro lado, la gente gusta de gozar los fines de semana y
llevar sus niños a las tradicionales correrías del Carnaval los sábados y
domingos por las tardes.
Se llaman fiestas carnavalescas porque previo a la cuaresma la gente se dedica a
los placeres desenfrenados de la carne. También se les llama fiestas
carnestolendas.
Los disfraces representan al demonio o Satanás, que estaba supuestamente suelto
tentando a Jesucristo. Por este motivo también en algunas ciudades se les ha
llamado con el nombre de “diablos cojuelos”.
En República Dominicana el Carnaval es celebrado, como citamos al inicio de este
reportaje, a todo lo largo del mes de Febrero. Los parques o plazas centrales se
llenan de personas disfrazadas, que exhiben sus creativos atuendos y persiguen a
los asistentes sin disfraz para golpearlos con sus vejigas (las mismas son
vejigas de reses disecadas).
En diferentes ciudades se les llama de forma distinta a los que llevan disfraces
y en cada ciudad tienen características especiales que los distingue de los de
otros pueblos.
En Santiago:
Se les llama “lechones”. Se destacan dos grandes grupos: joyeros
y pepineros. Unos llevan dos cuernos sobre sus máscaras y los otros llevan
muchos pequeños cuernitos sobre los dos cuernos principales. Sus trajes son
vistosos y llenos de espejitos, cascabeles y pitos colgantes.
En Puerto Plata:
Allí se les llama “taimácaros”. Sus atuendos representan deidades taínas y
también se caracterizan por sus trajes, que son derivados de vestidos europeos
de la Edad Media y llenos de cintas con mucho colorido.
La Vega:
Este es el Carnaval más popular y visitado de la República Dominicana. Es el más
organizado y en el cual se mezclan más intereses comerciales y patrocinadores de
comparsas (grupos de personas con el mismo disfraz). Es muy organizado y se
caracteriza por las máscaras imitando formas animales y diablos.
En la presente década el Carnaval de La Vega ha logrado un grado óptimo de
organización. Es tal la forma en que se organiza dicha fiesta que las personas
que van por las aceras de las calles no son golpeadas por los “diablos
cojuelos”, quienes bajo acuerdo solo golpean con sus vejigas a quienes van por
las calles.
Los grupos de Carnaval veganos buscan orquestas famosas del país para que les
graben versiones o parodias de merengues famosos, que se convierten en sus temas
musicales para las fiestas.
Los Macaraos:
Así se les llama a los disfrazados en los pueblos de Bonao y Salcedo, en la
región del Cibao.
Papeluses y Platanuses:
Son los dos grupos que caracterizan el Carnaval de Cotuí, en el nordeste del
país. Los papeluses hacen sus trajes en base a papeles y funditas plásticas y
los platanuses los diseñan haciendo uso de hojas de plátaneros secas.
Los Toros:
Ese es el nombre con que se conoce a los grupos del Carnaval de
Montecristi, en el extremo oeste de La Línea Noroeste. Se caracterizan por el
sorprendente tronar de sus foetes.