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La Resistencia cultural del negro en America Latina

 



Lógica ancestral y celebración de la vida
MUAMBA TUJIBIKILE



La celebración de la muerte en el sur-oeste de la República Dominicana y en la costa occidental de África Central

Fuerza y sentido, aliento y dinamismo eterno (1), la vida humana es, a pesar de todo, de una fragilidad desconcertante que no se puede escapar a las amenazas que pesan a cada instante sobre el hombre y la mujer; y su salida es siempre la muerte.
 

Para los bakoko de la costa occidental de Africa Central como para los sueños dominicanos, la muerte se presenta como la puerta por la cual el soplo quita el cuerpo como espíritu. Uno muere cuando hay ruptura de las relaciones existentes y vivificadores con los genitores, con Dios, con el cosmos... Uno muere también por enfermedad o por culpa.
 

La experiencia de la muerte es un hecho universal, pero considerando el cuadro socio-cultural de cada pueblo, nos damos cuenta que la muerte no se entiende de la misma manera en todas partes, aunque sea un misterio y la gran desconocida para todo el mundo (2).

El problema de la muerte es complejo, mirando a los creyentes y los comportamientos de los pueblos. Si celebración como culto a la vida, expresa uno de los rasgos fundamentales de la cultura bantú y de la cultura afro-americana y caribeña en general (3). Nos esforzaremos aquí por acercarnos a la cultura de los bakoko, tratando de entender al hombre y a la mujer bakokos y con ellos a todos los bantúes, en líneas principales, a partir de lo que nos dan a conocer de sí mismo en cuanto a la muerte. Lo mismo intentaremos también del hombre y la mujer sureños de la República Dominicana, y con ellos, entender al caribeño en las grandes líneas de su cultura básica. Toda cultura , en efecto, rodea y penetra los grandes momentos y las etapas fundamentales de la vida, así como la vida cotidiana de prácticas, ritos símbolos.

¿ Cómo el bakoko y el sureño dominicano celebran la muerte? ¿ Qué sentido puede tener el lenguaje ritual en el contexto cultural bakoko y sureño dominicano? Y, ¿ qué puede ser entonces, en consecuencia, el sentido de la muerte que procede de ahí?

Estas son las preguntas y cuestiones que nos preocupan en esta primer capítulo.

A partir de esta realidad concreta del fenómeno humano que es la muerte, tal como es celebrada en las tradiciones bakoko y sureña dominicana, no pretendemos hacer un estudio exhaustivo de la muerte. La cuestión es amplia y tiene muchos aspectos como:

- El anuncio de la muerte

- Los cuidados del cadáver

- El interrogatorio del muerto

- Las técnicas de sepultar

- La ceremonia de aniversario

- El culto de los antepasados

- Los ritos funerarios...


Pero no podemos tratarlos todos aquí. Así pues, nos limitaremos a la descripción y al análisis de algunos ritos: los cuidados alrededor del cadáver y el entierro: dos etapas del ser humano reconocidas como críticas.

Notemos que la celebración de la muerte entre los bakoko y los sueños dominicanos no es siempre la misma. Conocemos variaciones según la edad y el sexo del difunto. Vamos a considerar una celebración típica, la que conviene a un difunto respetable en cuanto a la edad.

El estudio y el análisis descriptivo de estas prácticas pueden revelarnos la concepción, aún implícita, que tiene, de un lado, el bakoko y, a partir de él, el africano bantú, de la muerte; de otro lado, los rasgos de la cultura negra-africana en los sureños dominicanos y, a partir de ellos, en el Caribe.


1. Vida social y comprensión de la existencia



Creemos que para cualquier estudio, el análisis de la realidad es muy importante y que, para llegar a una expresión adecuada, hay que articular teoría y realidad; mejor todavía si nuestra expresión o nuestra articulación sale o surge de la vida.

Pero eso es que hemos escogido como método de trabajo la inducción, para llegar a nuestras conclusiones mediante un examen de los hechos. ¿ Por qué vivimos? ¿ Por qué nos afanamos tanto? ¿ Por qué marcha de protesta... huelga...? ¿ Cuál es el móvil, el motivo de nuestra vida o de nuestro vivir? Las respuesta a estas preguntas nos ayudarían en el análisis de la muerte como acontecimiento. Podrían ayudarnos a descubrir por qué luchamos en contra de la muerte.

No es un trabajo fácil el que queremos emprender; además que no hay mucho escritos acerca del rema que nos preocupa. Si embargo, estimamos que con lo poco que existe, lo mismo que con los aportes de los demás en entrevistas y encuentros, haremos algo importante.

Llegar a descubrir elementos fundamentales de nuestra cultura, y apreciarlos, conocer la vida de nuestros antepasados, de quienes tenemos sabiduría, mística interior y espiritualidad, para arribar a una expresión cristiana encarnada en la vida del pueblo dominicano y caribeño, es el hilo conductor de nuestras búsquedas.

Nuestras conclusiones nos darán una base necesaria para nuestra pastoral.


1.1. Los bakoko y bantúes*



El paisano y campesino bakoko ama la vida libre e independiente. Ha optado, según Moby-Etia por “ una cierta calidad de vida relacionada con su paso” (4). Ha encontrado un cierto equilibrio entre los recursos de su tierra, de su alrededor, el provecho que saca, sus necesidades personales y su concepción de la existencia y de la vida en la sociedad.

Estamos en presencia del tipo de sociedad de prole, que enfatiza mucho la importancia del linaje, vertical y segmentario, “ cuyos segmentos son iguales y opuestos” (5).

El orden y la conservación de la autoridad son asegurados por un consejo del campo, compuesto por jefes de familias o de hogares, presidio por el padre de la extensa familia.

La filiación patri-linearia junta a los vivos, según ancestros, a su gran ancestro epónimo. El matrimonio obedece a reglas exogámicas del linaje. Sus hijos pertenecen a la familia paterna. Las asociaciones y las cajas populares ( ayuda mutua), ayudan a los grupos y los campesinos a desarrollar ellos mismos a partir de sus recursos. Se organizan colectivamente en vez de esperar todo de fuera, adoptando algunos valores de sus tradiciones activas y dinámicas, que unos han podido conservar.

En la tradición bakoko, el que llega al conocimiento del mundo, de la vida, y de sus secretos, entra poco a poco en los secretos del grupo, necesario para la sobrevivencia, y para la continuidad; y el que llega, alcanza el colmo de la ciencia del país, debe también saber sanar y liberar de la fuerzas del mal.

La necesidad biológica de procrear, de engendrar hombres y mujeres que en su torno van a transmitir la vida, y de mantener estos hombres y mujeres vivos, en la sólida cohesión, es el objeto supremo para los bakoko de la educación (6).

Se siente así la necesitan para ellos de formar personas expertas en la conducción de los hombres y mujeres del grupo, así como de personas capaces de perpetuar el saber, los valores y la sabiduría de la tribu; en breve, de la vida del grupo.

En conclusión, fijémonos que : viviendo en una región caliente, humilde y nebulosa, el hombre bakoko es un agricultor y un pescador.

Su vida sigue el ritmo de las estaciones. El campo bakoko vive la suerte de todos los campos; porque, atraídos por las ciudades, los jóvenes emigran hacia ellas. Son, su mayoría, unidades formadas por muchas familias y dirigidas por los jefes o responsables de estas familias, constituidos en consejo del campo.

La procreación, la transmisión de la vida y la conservación de éstas, forman parte de los grandes valores en la educación bakoko. Y si la vida es lo que preocupa al hombre bakoko, ¿ cómo vive la muerte? Y, ¿ qué trato de a sus muertos? Eso es lo que vamos a tratar de descubrir.

1.2. Los sureños dominicanos y caribeños (7)

El sur, una región olvidada por muchos años e invadida por opresores, empresarios y terratenientes, es una región rica, sin embargo empobrecida. Hasta fines del siglo XVIII, era tierra virgen, desconocida, con unas casas en Neyba y Azua, entre sembrados de grupitos en la cuenca.

Sus únicos habitantes eran los negros cimarrones, agrupados en “ manieles” donde podían vivir al abrigo de las persecuciones (8). El arcediano de Santo Domingo, Alvaro de Castro, preguntado por el Consejo de Indias acerca de los negros en la Española contestó el 26 de marzo de 1542: “ Las negras andan en esta ciudad a ganar como he dicho... y andan los negros a lo menos de esta ciudad tan ricos de oro y vestidos, y tan sobre llevados, que a mi parecer son más libres que nosotros” (9).

Y de los documentos enviados por el Licenciado Cerrato al Emperador en 1546:

Aparece que en el Bahoruco, donde estuvo refugiado el Indio Enriquillo, había una cuadrilla de doscientos a trescientos negros entre hombres y mujeres, y otros en la vega... Y que habiendo en la Isla doce mil negros que pudieran alzarse era preciso atajar el mal... Muchos negros se fueron de San Juan de la Maguana al junto de su capitán negro Diego de Guzmán... Aparecieron dos cuadrillas, la del Capitán Lemba... y otros en Higuey (10).

La invasión y ocupación del país por los estadounidenses 1916-1924 y la dictadura de Trujillo (11), provocaron un cambio brusco en la situación económico-social del sur.

Las mejores tierras de la región son ocupadas por el gobierno y las empresas extranjeras. Toda la materia prima del sub-suelo va hacia los EE.UU., sin ningún tipo de procesamiento.

La mayor parte de la población se dedica a tareas agropecuarias. Todo el sur es básicamente campesino (12) y uno de sus mayores problemas es la tierra. De los 11 millones de hectáreas, sólo el 20% se destinan a la agricultura. El resto, con excepción de un escaso 4% de tierra cubierta de bosques, son grandes extensiones áridas que, según cuentan los viejos, alguna vez fueron más fértiles.

Antes de que compañía extranjeras madereras talaran indiscriminadamente las caobas y los pinos; antes de que “ la tumba y queman” y la explotación desenfrenada del carbón vegetal que se realiza en algunos sitios, fueran acabando con los árboles de la loma y montañas del sur, estas tierras gozaban de una fertilidad. Sin embargo, hoy no hay tanta tierra para el campesino.

El mayor terrateniente es el Estado; los pequeños agricultura tienen un escaso 15% del territorio cultivable. Pequeños terrenos donde enfrentan también la falta de agua, de insumos, de asistencia técnica... no permiten subsistir. Sus mujeres e hijos también salen a buscar algo con qué parar el hambre.

El desempleo es mayor y afecta con fuerza a la familia campesina y, dentro de ella, a las mujeres (13).

La falta de trabajo golpea a los jóvenes sureños que, en términos numéricos, son parte vital de la región. Los que son campesinos comparten la suerte de sus mayores. Los obreros – el sector minoritario de la zona – cuando encuentran trabajo sufren el incumplimiento de las leyes laborales, la inestabilidad, la represión patronal.

La pobreza en que viven los campesinos, el desempleo elevado de la población y la falta de tierra, tienen efectos graves en su vida cotidiana (14). El costo del alimento se vuelve dramático y los que más sufren son los niños. Andan en las calles ambulantes, así, aguantando el bochorno entre voces de la gente en ese mercado...Porque su padre no puede mantenerlos y ellos están obligados a tirarse a la calle, a ver si logran conseguir con qué calmar el hambre que van trayendo al mundo desde que vienen a él, según dicen las madres.

Para los jóvenes, la situación económica es un freno que le impide estudiar; muchos no estudian porque sus padres son pobres y no pueden ayudarlos. Para los adultos, el problema es no saber ni siquiera leer ni escibir. El campesino vive tan maltratado, porque todo el mundo vive encima de él.

Los hombres, los jóvenes y las mujeres, insiten mucho en los efectos que tienen este cúmulo de problemas. Aparecen el vicio, la corrupción, la flojera y la desilusión. Maneras antiguas y nuevas de soportar la carga, que para las mujeres se hace más pesada. El hombre que gana el peso lo juega a los gallos o en el billar o en la quiniela, o se lo bebe en tricuí (15). La irresponsabilidad masculina va de la mano con el desprecio que los hombres sienten por las capacidades y posibilidades femeninas. El machismo pesa fuerte (16).

Digamos, para concluir, que el sureño dominicano – el caribeño- trabaja, estudia, se afana y lucha para subsistir y sobrevivir.
Atacado por todos lados, el campesino o el obrero sureño dominicano o caribeño, lucha para mejorar las condiciones de vida propia y las de su familia, aunque la pobreza lleve a la desintegración de ésta.

Quiere conservar su vida, es decir, “sobre-vivir”: llevar la vida por encima de todo.

Tenemos en nuestras venas la sangre de la libertad. Todo en nuestro ser grita libertad. Libertad como liberación de la esclavitud antepasada y su negación; y como afirmación de sí mismo como dueño y sujeto de su vida.

Nuestra sangre grita libertad de una vez por todas; libertad del africano-negro forzado y torturado y del indio exterminado . Gritos que no a todo tipo de esclavitud real o fingida, de un lado, y una afirmación de su orgullo y dominio como explotador y dominador del otro lado. Nuestra identidad es el ser libre y mulato.

Todo lo que hacemos, lo hacemos para poder vivir plenamente, es decir, libres o liberados. Todos queremos una vida independiente y libre. Unos llegaron a negar una parte de su identidad – la gran parte-, su africanidad, porque se la hicieron descubrir como esclavos; la rechazan por rebeldía, mientras en ellos vive el anhelo y el deseo profundo de libertad. Otros niegan lo español, porque lo identifican con el opresor de su libertad y quieren sentirse libres. Pero para reencontrarnos tenemos que descubrir la vida de los que nos transmitieron lo que vivimos, lo que somos, y que nos ha sido desformado o escondido.

En nuestro clima, en las estaciones que dan un ritmo a la vida, la procreación y la transmisión de la vida para la lucha por la sobre vivencia personal y del grupo en los diferentes términos cotidianos; “aguantando, luchando, vivo solamente, pa’lante”, descubrimos esta conciencia consciente o inconsciente de la libertad. Así pues, ¿cómo el sureño dominicano y el caribeño viven la muerte y cómo tratan a sus muertos?



1. Cfr. J-P. Eschlimann, “Le proces d’ ancestralisation”, en : Studia Missionalia,

Vol.31 (1882), pág.249

2. Cfr. Louis- Vicent Thomas et René Luneau, La terre africaine et ses religions, Ed. L’ Harmantan, París, 1980, pág. 246.

3. Cfr. Monseñor Enrique Bartoluci, artículo citado, pág.15.
4. Moby-Etia, Les pays du bas-Mungo, Bas Wori. Etude géograhique de la vie rurale et des relations avec Douala, París-Sorbone 1976, These de 3º cycle, págs. 80-83, cité par Christine Buhan, dans: La mystique du corps. Les Yabyan et les Yapeke de Dibombari au Sus Cameroun. Ed. L’ Harmatan, París, pág.77.

*Nos hemos servido del trabajo de Muamba Tujibikile de fin de estudio de teología: La celebración de la mort dans la tradition bakoko, le sens du rite dans le contexte culturel, Y dé Cameroun, 1984.
5. Cfr. J. C. Barbier, “L’ identité sociale et culturelle des Elog Mpoo, d’ apres une these de Cosme Dikoume”, Ydé, Onarest 1977, pág.3, cité par Christine Buhan,
6. Cfr. Christine Buham, op. cit., págs. 274-293.

7. Cfr. María Cristina Mata, Radio Enriquillo en diálogo con el Pueblo, Ed. ALER,

serie investigaciones 3, Quito, 1985, págs. 5-10; Juan Bosch, Composición social dominicana, historia e interpretación, Ed. Alfa y Omega, s.d., págs,78-81.
8. Cfr. María Cristina Mata, op. Cit., pág.6; Juan Bosch, op. Cit., págs, 64-69; 120-121;125; Yvan Debasch, “Los cimarrones de la frontera de Saint Domingue: Maniel”, en: Richard Price, Sociedades cimarrones, ed. Siglo XXI, españa, 1981, págs. 125-129
9. José L. Franco, “Rebeliones cimarronas y esclavas en los territorios españoles”, en Richard Price, op. Cit., págs. 45-47.
10.Idem.
11. Cfr. María Crsitina Mata, op.cit., págs.6.
12. Cfr. Country Programas I, Latin America and the Caribbean Regional Ofice, August
11, santo Domingo, 1977, pág. 12; PTD, Situación política de la República Dominicana y sus perspectivas, Ed. Alfa y Omega, santo Domingo, 1987, págs. 32-40
13. Según un estudio realizado en 1978, un 21.3% de mujeres se dedica a trabajos agrícolas; un 24.6% se emplea en servicios domesticos, en la trilla de café o cuidan animales –todos ellos trabajos temporales-; un 11.5% son modistas, oficinistas, enfermeras, maestras. El resto, un 42.6% de mujeres, dicen “no trabajar”. Es decir trabajan como ama de casa y cuidando a sus hijos, cosas por las cuales nadie paga un centavo. Ver: “Situación de la mujer adulta en el Valle de Neyba”, en Revista de Estudios Sociales 3-4, Santo Domingo, 1978. Esa situación no ha cambiado mucho.

14. Cfr. Country Programs I, op cit., págs. 13-16; JuanBosch, op. cit., págs. 125-126.



15. Triculí es una bebida alcohólica tradicional con base en la caña de azúcar en la República Dominicana.



16. Cfr María Tereza Ruiz, op. Cit., págs.39.



17. Cfr. Christine Buhan, op. cit., págs. 312-345; investigaciones y entrevistas hechas en cotubre de 1986 en Neyba, en el sur de la República Dominicana, y en Cotuí, el norte del país.
 

 



 

 
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